29 septiembre 2007

Música de películas


Calor. Las ventanas abiertas. En la radio, Kiri Tekanawa canta a Gershwin: "El amor llega aquí para quedarse".

27 septiembre 2007

De Antonio Machado

"Esta segunda inocencia que da el no creer en nada. En nada."

24 septiembre 2007

De salón

El humor elegante de Piro

Interliteraturas

Acá se reúnen a discutir. Me interesa esta diferencia: literatura digital y no literatura digitalizada. Yo me enrolo en la primera, ya se sabe.

Mutis mutandis


El punzante dolor
un blanco espasmo, si
pisas en falso
-ese dudoso equilibrio de los bordes-
a las puertas de una ciudad
de hielo y sangre,
callas
porque lo dicho se coagula en
un millar de oídos
con la pobrísima gracia de lo inútil.
Tallado en piedra
te expones a las lluvias
un oscuro verdín
cubre tus hombros como abrigo
donde
hubo un marfil desnudo
una pulida piel imaginada
por solitarios que meditan
en los bancos del parque
sobre
el intrincado laberinto de la suerte
que los ata
a unos días sin sol,
donde lo quieto comulga con lo necio
su pedazo de pan
cuerpo de nada. En
nombre de nadie,
callas.

22 septiembre 2007

Luces en el Soho

Decía Proust que se debía agradecer a los snobs, que en su permanente, incansable búsqueda de novedades, se toparan, cada tanto, con algo valioso.
De vez en cuando, entonces: gracias, snobs.

El importador como artista


-¿Viste que premiaron a X?
Se lo merece, es bueno lo que hace
-Pero si X es Y...
Bueno, todos copiamos a alguien, él lo hace bien
-Hace bien algo que ya está hecho.
(Más tarde comprendí a qué se llama vanguardia)

Moraleja: Si viajas y regresas con las valijas llenas de souvenires extranjeros, puedes ponerte una tienda de ultramarinos. Te considerarán novedoso, audaz, vanguardista. Las patrias siempre son pueblos chicos.

Pasos

Una vez decidido el camino a seguir, consideró un orden:
1)Leer
2)Escribir
En algún tramo de ese punto, se detuvo y se dijo: -ya lo hago bien, no es tan difícil-
Como no falta jamás un aguafiestas, le sugirieron:
el punto 3 es combatir, denodadamente, esa facilidad.

19 septiembre 2007

¿Y no sería más fácil de hallar el punto "G"?


Daniela promete que esta vez sí se queda acá.

16 septiembre 2007

Vi lavandas sumergidas




Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mí.

Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas -bellas en sus úlceras transparentes-, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.

Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Ante mí pasan madres encanecidas en el vértigo.

Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía, me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.
Aún giro dentro de mí mismo aunque sé que voy a caer en el frío de mi propio corazón.

Así es la vejez: claridad sin descanso.

Antonio Gamoneda

Poetas Catalanes



He aquí: yo he guardado madera en el muelle.
Vosotros no sabéis
lo que es
guardar madera en el muelle:
pero yo he visto llover
a raudales
sobre los botes
y bajo los tablones esconderse la angustia a destajo;
bajo los flandes
y los robles,
bajo los cedros sagrados.

Cuando los guardias espiaban la noche
y la bóveda del cielo era un túnel grande
sin luz en los vagones
hice un fuego de astillas en la boca del lobo.

Vosotros no sabéis
lo que es
guardar madera en el muelle.
Pero todas las manos de todos los desarrapados
como una farandola*,
hacían un juramento al abrigo de mi fuego.
Y era como un milagro
que alargaba las manos inertes.

Y en la niebla se perdían los pasos.

Vosotros no sabéis
lo que es
guardar madera en el muelle.
No sabéis la oración de los faroles de los barcos
—que son de tantos colores
como el mar bajo el sol:
que no necesitan velas-.

*farandola: danza provenzal


“Nocturn per a acordió” Joan Salvat-Papasseit

15 septiembre 2007

Nielsen cuenta

Y dice que este cuento no le pertenece

Novedades editoriales


Yo creí que era trabajo del antólogo, buscar escritos dispersos de diferentes autores, hallando un tema que los reúna y muestre así los distintos enfoques que cada mirada y cada escritura aportan. Yo creí que lo importante era hurgar en las propias obsesiones hasta hallar la particular forma que uno les confiere y esto representaba encontrar la voz propia, la que querríamos que se oiga al publicar. Pero no. Urgencias de toda índole son las que se abrazan en esta nueva modalidad editorial que inventa generaciones de escritores como "Bandanas" literarios, escritores que son como los participantes emocionados de una novedosa "operación triunfo". ¿Provocará este aluvión editorial que los lectores se precipiten sobre los anaqueles de las librerías en busca de "lo último"?. (Ojalá así sea, de verdad, es mi deseo)
Mientras tanto se viene, ya está aquí, les aviso, una agotadora serie del tipo composición tema: La vaca. Como vinieron y se fueron las biografías noveladas, los códigos secretos relacionados con la Biblia, la autoayuda new age, los cocineros fashion o los ensayos críticos sobre los más merecidamente ignorados escritores del pasado.
Pá lo que hay que ver, preferiría más árboles en los bosques, tanta maleza amasada con pasta de celulosa, contamina. Y mucho. ¿Pero quién soy yo para opinar? Que Dios los juzgue.

Raíz


Para Giselle


Las palabras
a veces
tienden puentes
verdor
de lo perdido para siempre
sombra del árbol de tu estirpe
te escucho
en el íntimo rincón
donde me hablas
todavía
cada vez que intento
como hoy
decirte.
Es tan grande mi amor
que sin quererlo te regresa
inocente y feliz
como te vi mientras crecía
mi padre,
el niño más hermoso.

09 septiembre 2007

07 septiembre 2007

Sustine et abstine



Ya
no hilas ni esperas
duermes
pegado al hueso digno y último. En
tu boca húmeda
prospera, lento, un musgo oscuro,
se tejen algas con raíces
-mensajes breves que arrastra el viento
como silbidos allí en lo alto
desde la copa de algún árbol
verde o altivo-.
Te has erguido sobre un monte de cenizas, sobre restos que arden todavía.
Y te demoras,
amor,
con la insistencia de las brasas
me ahogas en dolores dulces
no te deshaces,
no callas,
nombras lo ido y lo regresas.
Así nada me deja:
así tu muerte
mi vida,
no termina.

05 septiembre 2007

Rosa del desierto



Rosa del desierto,
encontrar querías con qué herirnos,
más, como el secreto que va a liberarse,
te inclinabas y era hermosa la orden que aceptaste dar
y era la sonrisa como una espada alerta.
El ascenso de tu cielo animaba el universo,
de tu espina se arrancaba el designio del camino,
nuestro impulso se insinuaba desnudo a poseerte,
era fácil el mundo, un simple latido.

Giorgos Seferis

Dando belleza al mundo


Hoy, una furtiva lágrima

04 septiembre 2007

Epifanía


"He sentido mucho saber que ha muerto tu hermana... Siento que no lo supiera a tiempo... para haber estado en el entierro.

Stephen soltó la mano poco a poco y dijo:

-Bueno, era muy joven... una niña.

McCann soltó la mano con la misma lentitud, y dijo:

-Sin embargo... duele."

James Joyce

Animalitos de dios


Los guanacos que anda cazando Luc
por Ciudadela. Y esto lo anuncio sólo para figurar en su post.

02 septiembre 2007

The end (post Nº 667)


Para creer que es el fin, algunos esperan ver los créditos.

01 septiembre 2007

Ensayo

¿Argumentos? ¿Historias? Lo que yo admiro de la novela es su atmósfera. Pavese insiste. Insiste quien nos hace leer (virtud de quien concibe la escritura como el duro trabajo que deviene arte), insiste quien nos hace leer lo que no ha sido escrito. Atmósfera pura. No estoy hablando de lo descriptivo, de lo temporal, de la astucia lógica que somete. Estoy diciendo, por ejemplo, Oé y su Cuestión Personal, una disyuntiva ética que se despliega delante de quien lee, y se convierte en propia, y lo conmina.

La novela


Decía Néstor Sánchez: La novela es la televisión del siglo XIX

Punto y coma

La cuenta de lo escondido

30 agosto 2007

28 agosto 2007

25 agosto 2007

Aún y entonces


Aún cuando me amabas
o más aún
y entonces
cuando buscabas con los ojos
agitando las manos
hacia un aire distante y absoluto
la palabra perfecta
la llave que guardara
el secreto del hueco y de la forma
que, única, se adapta
cuando encuentra
su lugar en el mundo
aún si te escuchaba o me perdía
en un álbum trístisimo
con retratos de muertos
donde escondimos quién sabe qué
pálida pena
y todo en sí nos parecía,
más allá de nosotros,
pobre y poco.
Aún entonces
en esos días de naufragios o milagros
te confieso:
me sentía una estatua sin cabeza
desnuda, adolescente,
un cuerpo de cemento gris y helado
quieto en su pedestal del parque antiguo,
debajo de la lluvia.

Ay, Stella...

Permítame esta pieza

22 agosto 2007

Hilando



Tanta serenidad es ya dolor.
Junto a la luz del aire
la camisa ya es música, y está recién lavada,
aclarada,
bien ceñida al escorzo
risueño y torneado de la espalda,
con su feraz cosecha,
con el amanecer nunca tardío
de la ropa y la obra. Este es el campo
del milagro: helo aquí,
en el alba del brazo,
en el destello de estas manos, tan acariciadoras
devanando la lana:
el hilo y el ovillo,
y la nuca sin miedo, cantando su viveza
y el pelo muy castaño
tan bien trenzado,
con su moño y su cinta;
y la falda segura; sin pliegues, color jugo de acacia.
Con la velocidad del cielo ido,
con el taller, con
el ritmo de las mareas de las calles,
está aquí, sin mentira,
con un amor tan mudo y con retorno,
con su celebración y con su servidumbre.

Claudio Rodríguez

19 agosto 2007

Carta




Yo, sí —¿Pero y la estrella de la tarde, que subía y descendía
de los cielos cansada y olvidada?
¿Y los pobres, que golpeaban las puertas, sin resultado, haciendo
vibrar la noche y el día con su puño seco?
¿Y los niños, que gritaban con el corazón aterrado?: “¿por qué
nadie nos responde?”
¿Y los caminos, y los caminos vacíos, con sus manos extendidas
inútilmente?
¿Y el santo inmóvil, que deja a las cosas continuar su rumbo?
¿Y las músicas encerradas en cajas, suspirando con las alas
recogidas?

¡Ah! —Yo, sí —porque ya lo lloré todo, y despedí mi cuerpo
usado y triste,
y mis lágrimas lo lavaron, y el silencio de la noche lo enjugó.
Pero los muertos, que enterrados soñaban con palomas ligeras
y flores claras,
y los que en medio del mar pensaban en el mensaje que la playa
desplegaría rápidamente hasta sus dedos...
Pero los que se adormecieron, de tan excesiva vigilia —y que yo
no sé si despertarán...
y los que murieron de tanta espera... -y que no sé si fueron salvados.

Yo, sí. Pero todo esto, todos estos ojos puestos en ti, en lo alto
de la vida,
no sé si te mirarán como yo,
renacida y desprovista de venganzas,
el día que necesites el perdón.

Cecilia Meireles

14 agosto 2007

El atardecer


pintura de Verónica García Lao


Es el atardecer cuando uno se aleja,
a la caída del sol.

Es entonces cuando se abandona todo.

El pensamiento recoge su tolda de tela de araña
y el corazón olvida el porqué de su angustia.
El caminante del desierto abandona su campamento,
que pronto desaparecerá bajo la arena,
y continúa su viaje en la quietud de la noche,
guiado por enigmáticas estrellas.

Pär Lagerkvist
(Versión de Axel Von Greiff)

13 agosto 2007

Con Carver, ya somos tres

ONDAS DE RADIO

La lluvia ha cesado, y la luna ha salido.
No entiendo nada de las ondas de radio.
Pero creo que se transmiten mejor justo
después de llover, cuando el aire está húmedo.
En cualquier caso, ahora puedo coger Ottava, si quiero,
o Toronto. Últimamente, de noche, me sorprendo
ligeramente interesado por la política canadiense
y sus asuntos internos. Es verdad. Pero normalmente
lo que buscaba era sus emisoras con música. Me siento
aquí en la butaca y escucho, sin tener nada que hacer,
o pensar. No tengo televisor, y dejé de leer
los periódicos. De noche pongo la radio.
Cuando escapé aquí trataba de alejarme
de todo. Especialmente de la literatura.
De lo que ella entraña, y de lo que trae a rastras.
Hay en el alma un deseo de no pensar.
De estar quieto. Emparejado con éste,
un deseo de ser estricto, sí, y riguroso.
Pero el alma también es una afable hija de puta
no siempre de fiar. Y olvidé eso.
Escuché cuando dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido
y nunca volverá que a lo que aún sigue
con nosotros y estará con nosotros mañana. O no.
Y si no, también está bien.
Tampoco importa demasiado, dijo, si un hombre nunca canta.
Esa es la voz que escuché.
¿Puede imaginarse que alguien piense cosas así?
¡Qué absurdo!
Pero tengo estas estúpidas ideas de noche
cuando me siento en la butaca y oigo la radio.
Entonces, Machado, ¡su poesía!
Era como un hombrecillo mayor que se vuelve
a enamorar. Una cosa digna de observar,
y embarazoso, además.
Y llevo tu libro a la cama conmigo
y me duermo con él a mano. Un tren pasó
en mis sueños una noche y me despertó.
Y lo primero que pensé, el corazón acelerado
allí en el dormitorio a oscuras, fue esto:
Todo es perfecto, Machado está aqui.
Entonces me volví a dormir.
Hoy llevé tu libro conmigo cuando salí
a dar mi paseo. “¡Presta atención!” -decías,
cuando alguien preguntó qué hacer con su vida.
Conque miré alrededor y tomé nota de todo.
Luego me senté al sol, en mi sitio
de junto al río desde donde puedo ver las montañas.
Y cerré los ojos y escuché el sonido
del agua. Luego los abrí y me puse a leer
«Abel Martín».
Esta mañana pensé mucho en ti, Machado.
Y espero, incluso cara a lo que sé de la muerte,
que recibirás el mensaje que pretendo enviarte.
Pero está bien aunque tú no lo recibas. Que duermas bien.
Descansa. Antes o después espero que nos veamos.
Y entonces yo podré decirte estas cosas directamente.

Raymond Carver

12 agosto 2007

Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido


Fue uno de los primeros poetas que leí, pero vuelve. Pasan los años, los años desde que Antonio plasmó su obra, los años desde mi (su) descubrimiento, los años de mi vida, y Machado vuelve. Pero no vuelve idéntico, sino intensificado, cada vez más claro en su mensaje. Dijo bien quien dijo: "Poeta ni mártir quiso Antonio ser, y un poco de todo lo fue sin querer". Vean:

Al fin, una pulmonía
mató a don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él: ¡din-dan!

Murió don Guido, un señor
de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.

Dicen que tuvo un serrallo
este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo
y un maestro
en refrescar manzanilla.

Cuando mermó su riqueza,
era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.

Y asentóla
de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a sus desvaríos.

Gran pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
-¡aquel trueno!-,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.

Buen don Guido, ya eres ido
y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?

¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?

Buen don Guido y equipaje,
¡buen viaje!...
El acá
y el allá,
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.

¡Oh las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!
¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!
el caballero andaluz.

Las moscas


Vosotras, las familiares
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh, viejas moscas voraces,
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
- que todo es volar -, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

Antonio Machado

11 agosto 2007

La botella vacía se parece a mi alma




Solícito el silencio se desliza
por la mesa nocturna,
rebasa el irrisorio contenido del vaso.
No beberé ya más hasta tan tarde.
Otra vez soy el tiempo que me queda.
Detrás de la penumbra
yace un cuerpo desnudo
y hay un chorro de música insidiosa
disgregando las burbujas del vidrio.
Tan distante como mi juventud ,
pernocta entre los muebles el amorfo,
el tenaz y oxidado material del deseo.
Qué aviso más penúltimo
amagando en las puertas,
los grifos, las cortinas.
Qué terror de repente de los timbres.
La botella vacía se parece a mi alma.
Por las ventanas, por los ojos
de cerraduras y raíces,
por orificios y rendijas
y por debajo de las puertas,
entra la noche.

José Manuel Caballero Bonald

10 agosto 2007

Sacate todo


Pavese escribió:
El amor tiene la virtud de desnudar a los amantes, no el uno frente al otro, sino a cada uno frente a sí mismo.

05 agosto 2007

Caballos de niebla


Stud

Mercado de las pulgas


(imagen robada a La exhibición perturbada)


Esa muñeca antigua no recuerda mi infancia
no la trae inequívoca, sobreviviente
(no retorna con signos ni evidencias)
en mi infancia, las muñecas ya eran viejas
aún puedo recordar, reconociéndolas
las babas de pegamento en las suturas
o el golpe fatal que se llevó cada pequeña astilla
vencida o arrastrada por fuerza de la escoba
humillada otra vez por los zapatos
o por la nada, que se arremolina y se asienta
viscosa, en los sumideros del olvido.
En mi infancia ya empezaban a romperse las cosas
ya intentaban decirme
-en voz muy baja, todavía-
nada te pertenece,
salvo esos restos abandonados por los otros
hilos de pegamento, suturas ciegas
-algo tristes-
pretensiosas.

Pasada la medianoche



Pasada la medianoche en toda mi vida

Pesa mi cabeza como en una galaxia rasante
Los hombres duermen con el rostro plateado, santos
Vacíos de pasión a los que el viento arrastra sin cesar
lejos
Hacia el cabo del Gran Cisne. ¿Quién fue feliz, quién no
Y después?
Todos terminamos igual dejando finalmente
Una amarga saliva y grabados en el rostro sin afeitar
Caracteres griegos que tratan de ajustarse uno con otro
para que
La palabra de tu vida la única si ...

Pasada la medianoche en toda mi vida

Pasan los carros de bomberos, hacia qué incendios
Nadie lo sabe. En una habitación de cuatro por cinco el
humo se condensó. Sólo se distinguen
La hoja de papel y mi máquina de escribir. Dios
Golpea las teclas y las penas incontables llegan hasta el
cielorraso
Cerca del amanecer
aparecen por un instante las costas y sobre
Ellas verticales las montañas oscuras y violáceas.
Verdaderamente parece que
Vivo para cuando ya no exista

Pasada la medianoche en toda mi vida

Los hombres duermen sobre uno de sus flancos, libre
El otro para ver subir la vida ola
Tras ola y tu mano se extiende
Como la del muerto en el instante en que se le arrebata
la primera verdad.

Odiseas Elytis

01 agosto 2007

Tango dadá

Y el morocho lo acompaña, en un nuevo kabaret

31 julio 2007

29 julio 2007

22 julio 2007

Islas


Esto era el destino:
llegar al borde y tener miedo
de la quietud del agua.
Antonio Gamoneda

21 julio 2007

Hago tiempo (¿Time is money?)



Cada día
un húmedo manojo
puñado de horas vanas,
segundos que destellan
como discos de luna
en la quietud del lago
durante un rapto traslúcido del cielo.
Edifico. Lo hago.
Hormiguean los restos en mi cuerpo
se dibujan, a veces
trazos rojizos en la piel de las rodillas
sopla el viento,
hace frío.
Viene el agua y descubro
mis dos manos vacías.

Relámpago en reposo



Tendida,
piedra hecha de mediodía,
ojos entrecerrados donde el blanco azulea,
entornada sonrisa.
Te incorporas a medias y sacudes tu melena de león.
Luego te tiendes,
delgada estría de lava en la roca,
rayo dormido.
Mientras duermes te acaricio y te pulo
hacha esbelta,
flecha con que incendio la noche.
El mar combate allá lejos con espadas y plumas.

Octavio Paz

17 julio 2007

De Paula Jiménez


Desencanto

1.

Donde quiera que vaya
tomo agua,
porque hay cosas
que son inalterables, más largas
que vos y yo
que nuestro tiempo.
A veces miro
un horizonte y me pregunto
cuántos atardeceres más veremos.
Otras sigo de largo, continúa
el agua circulando al lado mío
un hecho cotidiano o la creencia
de que igual al caudal
para mí
correrá la vida.
Nunca sé
más de lo que veo, soy
del mundo la experiencia sensitiva
la que no puede
imaginar lo disipado
lo disuelto,
la que peca
de no haber sido como el árbol
carente de voluntad.
Nada sucederá mañana, pienso
y siento
responsabilidad sobre mi muerte,
como si hubiésemos perdido en estos años
la oportunidad de dios.


Me gusta muchísimo lo que escribe Paula, su tono íntimo, depurado hasta conseguir la simpleza, ese atributo infrecuente, propio de la buena poesía. Me permití ilustrarla por manía personal, no porque le hiciera falta.

Letanía del ciego que ve


Que este celeste pan del firmamento
me alimente hasta el último suspiro.
Que estos campos tan fieros y tan puros
me sean buenos, cada día más buenos.
Que si en tiempo de estío se me encienden las manos
con cardos, con ortigas, que al llegar el invierno
los sienta como escarcha en mi tejado.

Antonio Colinas

El camino cegado por el bosque


Créeme, no es piedad lo que siento por ti,
ahora que estoy lejos, sino un recuerdo herido.
Por ti y por el camino cegado por el bosque
que no pude seguir aquella noche joven,
perfumada y abierta como el cuerpo de un pino.
No es piedad, sino una sensación de fracaso,
de suave y entrañable dolor que nunca cesa.
Fuiste buena conmigo en mis días de entonces:
me diste cuanto soy, este veneno dulce
que me impulsa a luchar contra el mar, contra el tiempo
y contra el mismo amor de los que bien me quieren.
No es piedad, aún te busco en la noche perfecta,
deseoso, sediento de tus colores ácidos,
de tus estrellas frías, de tus ramas y ríos
helados tras los cielos del más hermoso invierno.
Te lo digo dolido y con los ojos húmedos,
aunque la mente esté segura, serenada:
no te pude tener más cerca, pues mis labios
llegaron a rozar tus nieves, tu horizonte.
No es piedad, créeme; sólo sé que una tarde
avanzada, profunda, descendí de aquel monte
puro y purificado como un fuego de junio.
Creí volver a ti definitivamente
y me encontré el camino cegado por el bosque.

Antonio Colinas "Astrolabio" 1975 - 1979

15 julio 2007

13 julio 2007

A oscuras


De noche te desnudas
te derrumbas
te nublas te deshaces
se ha rasgado la forma que te encubre
te revelas
se abre
la página sin mácula sin nombres
papel en el que escribo
una palabra
más muda que una hache
te señalo
lo sello con la lengua
saliva
altas mareas
tormentas desatadas
sonidos
insistentes
lo que alberga tu almohada
sueño leve
las líneas de los nervios
sangre ahogas
no digo esto que digo
no debieras
decirme
nada,
nada.

12 julio 2007

Ka. y K



Roberto Calasso, el genial narrador y ensayista italiano, califica toda su obra como "una sola y larga serpiente de páginas". Calasso recibe a los periodistas en sus oficinas de Adelphi y comenta su último libro traducido al castellano, el estupendo libro dedicado a Franz Kafka titulado simplemente K. Dice Calasso: "De alguna manera K. es la contraparte de Ka. Forma parte de un trabajo en varias partes que empecé a escribir con La Ruina de Kasch. Todas las partes se bastan a sí mismas y abordan asuntos distintos que están, sin embargo, invisiblemente ligados. De alguna manera Ka fue el libro de la máxima expansión. En el mundo de la mitología hindú tú encuentras un proceso de multiplicación de los doce dioses del Olimpo, primero a un mínimo de 33 y luego a varios miles de dioses. Todo se multiplica cuando uno se enfrenta con India. Con Kafka uno se enfrenta al movimiento opuesto: con aquello que los científicos de la computación llaman compresión. La compresión de un algoritmo en la mínima unidad. Ése es un problema que me ha parecido siempre fascinante. Desde hace mucho tiempo arrastraba la intención de escribir acerca de Kafka pero lo evité durante años hasta que después de haber escrito Ka me dieron ganas de escribir un libro que corriera en una dirección diametralmente opuesta. El paisaje sobre el cual Kafka escribe sus libros es el paisaje más despojado y comprimido que es posible imaginar. Y me dieron ganas de ver qué pasaba si es que uno se internaba en una dirección en la cual Kafka se adentró de manera muy radical."

09 julio 2007

Lista


Agreguen esto a la lista de nuevas maravillas.

T. S. Eliot




Abril es el mes más cruel, hace brotar
lilas del interior de la tierra muerta, mezcla
la memoria y el deseo, estremece
las raíces marchitas con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo calientes, cubriendo
la tierra con nieve de olvido, alimentando
un poco de vida con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió, pasando sobre el Starnbergersee
con una cortina de lluvia; hicimos un alto bajo la galería de columnas,
y continuamos a la luz del sol, adentrándonos en el Hofgarten,
y bebimos café, y hablamos durante una hora.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch1.
Y cuando éramos niños, pasando una temporada donde el archiduque,
donde mi primo, él me sacó en un trineo,
y yo estaba asustado. Él dijo, Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y para abajo fuimos.
En las montañas, allí uno se siente libre.
Leo, gran parte de la noche, y voy al sur en invieno.
¿Qué son las raíces que se prenden, qué ramas brotan
de estos escombros minerales? Hijo de hombre,
nada puedes decir, o adivinar, ya que sólo conoces
un montón de imágenes rotas, donde el sol golpea,
y el árbol muerto no ofrece refugio, ni el grillo consuelo,
ni la piedra seca rumor de agua. Sólamente
hay sombra bajo esta roca roja,
(ven bajo la sombra de esta roca roja),
y yo te enseñaré algo diferente, tanto de
tu sombra en la mañana avanzando a tus espaldas
como de tu sombra a la tarde creciendo para encontrarte;
yo te enseñaré el miedo en un puñado de polvo.
Frisch weht der Wind
Der Heimat zu
Mein Irisch Kind,
Wo weilest du?
"Tú me trajiste jacintos por primera vez hace un año;
ellos me llamaban la chica de los jacintos."
- Sin embargo cuando regresamos, tarde, del jardín de jacintos,
tus brazos llenos, y tu pelo húmedo, yo no podía
hablar, y los ojos me fallaban, no estaba
ni vivo ni muerto, y no sabía nada,
mirando en el corazón de la luz, el silencio.
Oed' und leer dar Meer.
Madame Sosostris, famosa clarividente,
tenía un terrible resfriado, pero de todos modos
es conocida como la mujer más sabia de Europa,
con un mazo de cartas muy mordaz. Aquí, dijo ella,
está tu carta, el Marinero Fenicio ahogado,
(Perlas son estos que fueron sus ojos. ¡Mira!)
aquí está Belladonna, la Señora de las Rocas,
la Señora de las situaciones.
Aquí está el hombre de los tres bastos, y aquí la Rueda,
y aquí está el mercader con un sólo ojo, y esta carta,
que está en blanco, es algo que carga a la espalda,
que me está prohibido ver. No encuentro
al Colgado. Teme la muerte por el agua.
Veo multitudes de gente, dando vueltas en círculo.
Gracias. Si ves a la querida Mrs. Equitone,
dile que yo misma le llevo el horóscopo:
uno debe ser así de cuidadoso hoy en día.
Ciudad irreal,
bajo la niebla ocre de un amanecer de invierno,
una muchedumbre fluía sobre el Puente de Londres, tantos,
no tenía ni idea de que la muerte hubiera destruido tantos,
suspiros, cortos e infrecuentes, eran exhalados,
y cada hombre llevaba los ojos clavados un poco por delante de sus pies.
Fluían colina arriba y bajaban King William Street,
adonde Saint Mary Woolnoth daba las horas
con un sonido muerto en la última campanada de las nueve.
Allí vi a alguien que conocía, y le paré, gritando: "¡Stetson!
¡Tú que estuviste embarcado conmigo en Mylae!
Aquel cadáver que plantaste en tu jardín el año pasado,
¿ha empezado a retoñar? ¿Florecerá este año?
¿O ha perturbado su lecho la helada repentina?
¡Manten al Perro lejos de aquí, ya que es amigo de los hombres,
o con sus uñas volverá a desenterrarlo!
¡Tú! hypocrite lecteur! - mon semblabe, - mon frère!"

La tierra baldía [1923]

Visión y literatura


Las últimas batallas bajo los muros de Troya fueron narradas por Homero, poeta ciego; la batalla de Kuruksetra nos ha llegado tal como fue contada a un rey ciego por un personaje al que Vyasa, autor de la narración y al mismo tiempo su personaje, había concedido el don de la visión total: la omniciencia del narrador. En un determinado punto de la narración, que puede ser desplazado pero no eliminado, nos topamos con la ceguera. ¿Ello se debe tan sólo a que quien ve demasiado, como Tiresias, acaba por ser castigado precisamente en la vista? ¿O es algo ulterior que se anuncia, algo que tiene que ver con el mismo acto de narrar? La narración supone la desaparición de la realidad. No tiene sentido contarle algo a quien ha sido testigo. Pero cuando lo real ha quedado sumergido en el espacio y en el tiempo -que es, por lo demás, su estado más frecuente-, sólo queda una cámara oscura donde vibran las palabras. Que sean las del autor, como en el caso de la Ilíada, o las del primero que las oyó, como en el Mahabharata, es indiferente: autor y oyente coinciden en el origen. Sólo hace falta una escena sangrienta, envuelta en una luz perpetua, y una mirada frente a la que se dibujan débiles señales sobre un trasfondo de tinieblas.

Roberto Calasso "Ka"