21 enero 2008

Obras


Camille Claudel


Vienen del fondo
tus manos fuertes los alzaron hasta aquí
desde un silencio indócil,
adivinaste entre las grietas
su corazón sellado.
Están y se derraman
en dulces líneas
que fugan a un espacio compartido.
Rozan la espalda con el aire
-la habitación ahora los respira-
tienen un alma
que consiguió la tuya percutiendo
a golpes de martillo
sobre la obstinación de la materia.
Así la ruta de tu deseo
reverbera en sonidos
así golpea
y la dureza del gran captor se rinde
a la tráslucida intención de una verdad.
Se han vuelto suaves:
tu empecinado amor
se ha consagrado.

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