01 julio 2006

Confesiones



Dijo:
tengo una biblioteca
plagada de razones
de serpientes que muerden
su propio carne, envenenándose
de trampas
y subterfugios
podría incendiarla, no me sirve
no sirvo a su propósito fundante
sólo alarga en mis noches
la zozobra
clava puñales en el sueño
es una árida meseta en la que siento
la lengua seca
el cuerpo, que me excede, no me basta
pero me alejo, si lo pienso.
En otros días
esa ha debido ser
su virtud más extraña
operar
entre las cosas o los seres
como una mano
una mano seguida
de un largo brazo que consiga separarnos
hoz en poder de quien se interna
abriendo claros en la fronda
lejos
distante del latido,
ordenada en secuencia
sobre atestados anaqueles
(la morada del polvo)
allí estaba la selva.
Ahora
sólo percibo el hueco de este cáliz
este pozo
teñido de carmín
encarnado en el fondo:
así será
la sangre
el vino
el tono de mis labios cuando te hable
nuestras lenguas
el corazón que traigas
el que llevo
apretado en el pecho
o deshecho de brillos
sobre las palmas temblorosas
de mi mano en tus manos.

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