07 noviembre 2005

Tenían razón.


En ese momento
hablábamos del tiempo
él dijo que el asunto
el viaje verdadero
sería conseguir
desplazarse en el tiempo,
no en el espacio.
Dije, claro
si es que sólo hay presente
sin embargo,
mirá cómo vivimos
atados al pasado,
ansiosos de futuro
impacientes de angustia
sin conciencia.

Habíamos fumado y
algo estábamos tomando.
el cenicero probablemente rebosaba
de colillas mordidas, todas mías.
Me pone tan ansiosa hablar de esto.
Miré el reflejo
que el globo verde chino
pintaba en la ventana.
Vi dos leones
una pareja de leones
hermosos y sensuales
el puro cuerpo bello
el fuego
se movían
o sólo ella se movía alrededor
se lamían las caras mutuamente.
Una danza animal
hermosa ardiente
natural como aquello
que pasaba debajo de mi cosmos.
Me pierde el infinito,
me dejo ir y siempre
el llamado de la bestia,
su belleza
lamiéndose
me trae.
A decir verdad, me pierdo en tantas cosas...
Lo decían en casa:
me falta voluntad.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

qué hermoso inx. hacía mucho que no venía por acá y me encuentro este poema perdido, o perdida la autora.

inx dijo...

Sí, de las perdiciones se trata, justamente. ¿Qué decís, Jimena?

Mónica Sabbatiello dijo...

La voluntad no es otra cosa que la unión de la mente consciente y de la energía, ambas en abundancia en usted. Ergo, tiene la voluntad donde usted decide. Y lo demás, probablemente son órdenes ajenas, modelos que no le pertenecen.Siga disfrutando, incendiándose, pero deje algo protegido, que las llamas si avanzan sin ningún tipo de conciencia, a veces hacen estragos.

inx dijo...

Pero, digo yo, usted que me conoce hace más de 20 años, ¿no me notaba ya un poquito chamuscada, inevitablemente? La frase de mi casa es cierta, cierta porque la decían y cierta porque tenían razón. De cualquier manera, a mí me hace sonreir, no me apena en absoluto. Es como "la carne es débil", o algo así. Uno busca cumbres espirituales, es verdad, pero la atorranta sigue su curso, no se la erradica, por suerte. El problema siempre es la falta de medida, los disfraces sutiles de la pasión, que simulan razón. O espíritu.